Como antesala a este articulo compartiré la hipótesis de Alfred
Marshall, quien asegura que el dinero representa al eje en el que gira la
economía mundial, esta sustentación no se hace porque el dinero sea una de las
principales aspiraciones del hombre, sino porque es considerado como el mejor
instrumento para medir las motivaciones a gran escala, sobre todo cuando nos
ponemos a pensar en el mundo donde vivimos, lugar donde el dinero se ha
convertido en la motivación para el materialismo.
Al margen de las diversas hipótesis, el acto de comprar y
vender, se ha convertido en un proceso de trueque en el cual el dinero es el
intermediario, convirtiéndose en un común denominador para el intercambio de
especies. Por ejemplo, si compras un pantalón lo haces porque lo necesitas,
entonces su utilidad es superior al dinero que podamos dar por esta prenda.
Esto quiere decir que, el uso de nuestro dinero siempre será
repartido para la adquisición de objetos o servicios que puedan satisfacer
nuestras necesidades. Ahora si hablamos de utilidad y satisfacción, podremos
darnos cuenta que estos dos conceptos no son monetarios, si no que están
relacionadas con la inversión de nuestro dinero.
Por otro lado, la comercialización, viene a ser algo más que
una transacción comercial. Nuestras necesidades circunstanciales y
jerarquizadas, provocan conductas distintas y hasta impredecibles, esto siempre
en cuando lo evaluemos de acuerdo a la percepción psicológica y su interacción
sociológica.

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